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17.5.15

Duermes

    
    Ya duermes y yo no dejo de pensar en ti, en el sonido de tu voz, en la profundidad de tus textos, en tu enorme miedo de ceder a tus deseos.

    Puedo leer la ansiedad que hay en tus dedos intentando decir un te quiero, puedo ver el disfraz que le pones a cada letra, ocultando tus pupilas dilatadas cada que me piensas.


           Es más fácil refugiarse en la oscuridad y perderse en las sombras de los sueños.

16.5.15

Descubrí


Descubrí que podemos estar presos dentro de nuestros propios pensamientos, descubrí que podemos ser libres a pesar de estar atados. 
Descubrí que puedo escribir cuántas veces quiera para expresar lo que llevo dentro. Aunque lo que lleve dentro me asuste. 
Descubrí que las opiniones que más me importan son las de aquellas personas que tenemos junto a nosotros. 
Descubrí que beber una taza de café me puede provocar ganas intensas de hacer el amor. 
Descubrí que un rayo de sol es lo más importante del mundo. 
Descubrí que puedo compartir mi mundo contigo a través de las letras.

Frío

No puedo ver el cielo, la niebla inunda la ciudad. El frío recorre cada espacio de mi cuerpo, el frío llega a lugares que no cualquiera puede tocar. El frío toca mi corazón. 
Apenas distingo la silueta de los árboles, el aroma de la lluvia me rodea, me seduce, me acerca tanto a ti. 

El día es perfecto, las gotas de lluvia se escurren en todas las paredes, en todas las ventanas, en todas las personas que no se esconden de ella. 

A lo lejos veo las luces que ya alumbran la ciudad, todos tienen miedo de la oscuridad, por ello la alejan con farolas de diferentes tamaños, la oscuridad no me asusta, me grita que vaya hacia ella y cada vez me acerco más. 

18.3.14

Darío




Tengo pesadillas de día, mientras respiro y suspiro, a cada segundo aparece su recuerdo y  no se cómo borrarlo.

Caminaba a media noche por una calle desierta, no estaba muy lejos del centro, se escuchaba la algarabía de algún bar todavía abierto, mientras yo rezaba porque no me pasara nada nuevamente a esa hora, vestía zapatillas negras de charol, con una punta dorada al frente, mi apretado vestido negro no me dejaba respirar bien, pero la reunión lo ameritaba. No pude viajar en taxi porque minutos antes me habían robado el bolso, tampoco traía un teléfono para comunicarme con nadie. Estaba sola temiendo que aún me pasara lo peor, las lágrimas escurrían por mis mejillas mientras poco a poco apretaba el paso para llegar más rápido a la casa de Darío.

 

Darío era mi mejor amigo, hacía poco tiempo había vuelto a la ciudad en busca de nuevas oportunidades, pintaba cuadros que no eran muy bien vistos por el alto precio que tenían, se acababa de mudar con una chica extranjera que recién había conocido en sus múltiples  viajes, solo sabía de ella por sus pláticas ocasionales y una que otra foto vista en la red, como no tenía a dónde más acudir esa noche, decidí caminar hacia su casa.

 

Por fin pude ver a lo lejos la puerta de su casa, era una puerta de madera color gris, corrí hacia ella y toqué muy fuerte, traía las zapatillas en las manos y las medias rotas, grité desesperada que me abriera por favor. Entonces sucedió. La puerta se abrió, la chica de las fotografías  salió corriendo con las manos llenas de sangre. No sabía lo que estaba pasando hasta que entré en la casa, ahí estaba él, tendido en la sala con una fotografía mía en la mano y un disparo en el pecho. Aún respiraba, me acerqué y lo abracé muy fuerte, gritar para pedir ayuda no sirvió de nada, no se cuánto tiempo pasó durante ese abrazo, no me pudo decir nada, solo me sonrío y con su mirada lo dijo todo, en un segundo dejó de respirar. Mis lágrimas entonces desaparecieron, dejé de sentir dolor, angustia, tristeza. Con la muerte de Darío, me había muerto yo. No recuerdo muy bien qué pasó después, recuerdo las luces de las ambulancias, de las patrullas, los gritos ahogados de la gente que llegó.

 

No se cuánto tiempo ha pasado desde aquella noche en que se fue. Mis pesadillas no me abandonan, cada día respiro su recuerdo, en cada pared gris observo la fotografía que tenía en su mano al momento de morir. Era yo, yo estaba ahí con él, en su corazón. Ahora Darío está en mi, aunque nunca más vuelva a salir de aquí.