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18.5.15

Fantasías



       Alguien tocó a mi puerta, me acerqué a ver quién era, pero no vi a nadie. Miré nuevamente alrededor y vi un sobre tirado  en la entrada, no tenía nombre pero supe que era para mi por el doblez en las esquinas.

         Abrí la carta, el corazón palpitaba con fuerza, tenía miedo de leerla, la esperaba y al mismo tiempo no quería saber qué contenía, tal vez una despedida. Me senté junto a la ventana, a esa que tanto me aferraba y entonces leí:


     “Mientras duermo,  la sueño, despierto, la pienso... Soñar y pensar me generan sensaciones de deseo, deseo cada vez más intenso, sensaciones de ensueño recorren mi piel, mi ser, mi todo, siento escalofríos, ¿Acaso estoy destinado a vivir de fantasías?, ¿a mirar por la ventana entreabierta?, mi piel pide cubrirme de los ratos del sol, aunque debo aceptar que las sombras y la oscuridad acogen mi alma, el miedo está presente, tal vez deba intentar alcanzar la luna…”


      Cerré el sobre, el mundo dejó de existir por unos momentos, no sabía si sonreír o simplemente fingir que no había leído nada. Una llamada me devolvió a la realidad, no quería estar en ella, prefería regresar a ese mundo de ensueño, a ceder al deseo, a tocar con mis labios la fantasía, a besarle apasionadamente mientras acaricia mis cabellos y me toma fuertemente de la cintura.  El miedo se apoderó otra vez de mi y sonreí, la sombra de la incertidumbre siempre estará ahí.

22.4.15

Letras que mueren en el mar.


             Hace días mientras el sol acariciaba mi inexpresivo  rostro,  escuchaba atento a las olas del mar, cuando estas me dijeron: “Hay universos que queremos tocar, sentir, hacer vibrar, de pasión, de inocencia y de placer”.

Por un momento pensé que me estaría volviendo loco, que era imposible que las olas hablaran el mismo lenguaje que yo, miré a mi alrededor y me vi acompañado de una nube que más bien se burlaba de mi. Me acerqué un poco más y siguieron conversando, pero esta vez se reían de mi. Escuché sus argumentos que me parecieron estúpidos y decidí no poner  atención. Sin embargo las voces que salían del mar cada vez eran más fuertes, yo no quería escuchar, era como entrar a mi mismo y no quería tener un encuentro de ese tipo, no en ese momento, no en ningún momento. Ni ahora ni después.
De pronto descubrí que me encantó cada palabra, cada línea, cada pensamiento que me provocaba escuchar el sonido de esas letras, de esas palabras, mismas que me llevaban al límite y estremecían cada centímetro de mi cuerpo.

El sol comenzó a desaparecer en el horizonte, las olas seguían atormentándome y yo me negaba a seguir mis deseos, mis impulsos de abrazar un aroma, de besar su cabello. Decidí alejarme de la orilla y regresar a casa, decidí que aquellas letras que habían tocado mi alma muriesen en el mar.

La chica que cerró el caso, pero que no puede dormir.