16.5.15

Me falta el aire...

Hay días grises y hoy. Hay días llenos de color y ayer. ¿Dónde quedaron esos pedazos de texto llenos de pasión sacados tu mente?

Seguramente se los robó el miedo a tenerme. 

12.5.15

Romance con un violín.

Tuve  curiosidad por saber cómo era, por sentir su aroma, por deslizar mis dedos sobre él y acariciarlo lentamente. Tuve ganas de tomarlo entre mis brazos y que se quedara junto a mi, pero me limité a admirarlo un momento, a verlo de lejos, dejé escapar un suspiro al saber que no podría tenerlo.

Por un momento estuvo cerca, tanto que me dio miedo hacerle daño. Me acerqué más y frené. En ocasiones dan ganas de aventarse al abismo, con la esperanza de encontrar otros mundos, pero al estar en la orilla el miedo te invade y la razón acaba salvándote  de lastimarte.

Volví a mirarle, por un momento pensé en lo perfecto que era, evoqué cada sensación que me había causado antes, en cómo se estremecía cada parte de mi piel cuando lo tenía enfrente. Bastó mirarlo nuevamente para saber que me había enamorado de él. El tiempo se acababa, debía irse, se lo llevaban, mientras yo soñaba cómo sería mi mundo si estuviese a mi lado.

Llegó la noche y ahí estaba él, inmóvil, esperando que las luces se apagaran y que el público aplaudiera, ahí estaba él … inmóvil. Ahí estaba yo, inmóvil. Si acaso con los labios entreabiertos, esperando que me mirase.
 
 

11.5.15

Errores sin retorno

Quisiera volver el tiempo y no haber escrito nada. No haber sentido nada. No respirar agitada.

7.5.15

¿Quién soy?


                Nadie me había preguntado quién soy, hasta entonces me di cuenta de que a ciencia cierta no lo se. Tengo un nombre tal vez, tengo un apellido que alguna vez alguien me dio sin muchas ganas y otro más del cuál me siento orgullosa, ese que porto y presumo por ahí, por allá.
                 ¿Quién eres?, nuevamente no se. Pensé que tenía una profesión, pero eso no tiene nada que ver con quién soy. Grave que a estas alturas y a mis 50 años no sepa nada con respecto a mi identidad. Me perdí en el abismo de sus palabras y un buen día perdí la identidad...

1.5.15

Lo extraño

Me estaba acostumbrando tanto a su presencia que el día que no lo tuvo sintió tanta frustración que no supo qué hacer... 

22.4.15

Letras que mueren en el mar.


             Hace días mientras el sol acariciaba mi inexpresivo  rostro,  escuchaba atento a las olas del mar, cuando estas me dijeron: “Hay universos que queremos tocar, sentir, hacer vibrar, de pasión, de inocencia y de placer”.

Por un momento pensé que me estaría volviendo loco, que era imposible que las olas hablaran el mismo lenguaje que yo, miré a mi alrededor y me vi acompañado de una nube que más bien se burlaba de mi. Me acerqué un poco más y siguieron conversando, pero esta vez se reían de mi. Escuché sus argumentos que me parecieron estúpidos y decidí no poner  atención. Sin embargo las voces que salían del mar cada vez eran más fuertes, yo no quería escuchar, era como entrar a mi mismo y no quería tener un encuentro de ese tipo, no en ese momento, no en ningún momento. Ni ahora ni después.
De pronto descubrí que me encantó cada palabra, cada línea, cada pensamiento que me provocaba escuchar el sonido de esas letras, de esas palabras, mismas que me llevaban al límite y estremecían cada centímetro de mi cuerpo.

El sol comenzó a desaparecer en el horizonte, las olas seguían atormentándome y yo me negaba a seguir mis deseos, mis impulsos de abrazar un aroma, de besar su cabello. Decidí alejarme de la orilla y regresar a casa, decidí que aquellas letras que habían tocado mi alma muriesen en el mar.

La chica que cerró el caso, pero que no puede dormir.

Las once palabras


                 La frase estaba escrita, enviada, leída.  Fueron once palabras que le congelaron el alma y le hicieron sonreír aquella fría mañana de invierno, sonrisa que iluminó todo lo que tenía a su alrededor.

Meses antes ella  había estado soñando con fantasmas, hasta que un buen día tuvo uno de frente, sabía que existía, en algún lugar del universo, en otra dimensión, no importaba cuán lejos estuvieran porque a pesar de ello, había una conexión que podía percibir cualquiera que leyera su mirada.

La mañana en que recibió ese mensaje, tuvo la misma sensación que deja un beso apasionado, cuando el  escalofrío recorre tu cuerpo, la humedad se apodera de ti, los latidos del corazón se aceleran y las pupilas se dilatan. Había aprendido a leer entre líneas y a escribir metáforas en el viento, sabiendo que algún día sus letras llegarían a su destino.
La chica que no cree en Grey.